Go to Top

Reacciones emocionales comunes ante el cáncer: ¿qué hacer?

Reacciones emocionales ante el cáncer

Vivir con cáncer es afrontarse a una serie de situaciones y experiencias que provocan reacciones emocionales y que necesitan respuestas constantes de adaptación. El diagnóstico de cáncer puede provocar un fuerte impacto emocional que puede afectar también a nivel social, laboral y familiar. El diagnóstico inicial supone un shock, el paciente se siente incapaz de tomar decisiones, surge el miedo y la desolación ante la posibilidad de una enfermedad larga, riesgo de muerte y ruptura de las metas vitales. No obstante, durante y después del cáncer es posible vivir con bienestar personal, familiar y laboral.

A pesar de esto, cada persona responde diferente a la enfermedad y sus tratamientos y el estado emocional puede variar a lo largo de todo el proceso, es decir, que no podemos hablar de un patrón fijo de reacciones. A continuación exponemos los emociones más comunes:

  • Miedo: el cáncer es la enfermedad más temida, ello se debe a que en nuestro medio social se sostienen mitos que hacen que el cáncer sea sinónimo de muerte, dolor, incapacidad, desfiguración y sufrimiento. Estas creencias son falsas, y en todos los casos siempre hay algo que se puede hacer. Identificar aquello que uno teme es el primer paso para poder hacerle frente. Hablar de lo que se tiene miedo, exponerse a ello directamente es la mejor manera de superarlo.
  • Incertidumbre: el hecho de no estar seguro acerca de lo que puede suceder, en cuanto al pronóstico, los resultados del tratamiento y posibles recaídas hace que muchas personas sientan cierta incertidumbre. Para hacer frente a ello, en primer lugar se ha de reconocer cómo las dudas producen malestar y a continuación se han de comunicar las dudas, pedir información y contrastar pareceres con los profesionales.
  • Negación: consiste en no reconocer la enfermedad, el alcance de su gravedad o las consecuencias negativas que puede tener, debido a la adversión que suscita. Se caracteriza por no querer hablar de la enfermedad, su pronóstico, consecuencias o tratamientos, disminuir su importancia y delegar la responsabilidad en otros. Si es temporal y no interfiere con los tratamientos es una reacción adaptativa.
  • Tristeza y sentimientos depresivos: la disminución de actividades sociales y laborales supone una pérdida de fuentes de gratificación y disminuye la autoestima. Hay que mantener el mayor número de actividades gratificantes, comunicar las emociones y aprender a detectar los patrones de pensamiento negativo y sustituirlos por otros positivos.
  • Rabia o ira: para manejarla hay que identificar el enfado y las necesidades, ser consciente de que la ira a corto plazo proporciona un desahogo emocional, y un medio de control, pero a medio y largo plazo nos aísla de los demás y nos hace sentir culpables.
  • Culpabilidad: este sentimiento puede surgir al considerar si uno podría haber hecho algo para prevenir el cáncer, o detectarlo antes. Los hechos del pasado no pueden cambiarse y es inútil centrarse en ellos, la enfermedad se puede producir por muchos factores impredecibles.Hay que centrarse en el aquí y ahora y en cómo influir en la salud y en el bienestar del presente.
  • Aislamiento: la preocupación por la enfermedad, el hecho de querer ocultarla a los seres queridos o el pensar que las personas cercanas no comprenden el estado en que uno se encuentra son reacciones que crean alejamiento. Las claves se encuentran en comunicarse con los familiares acerca de lo que se quiere hablar, elegir uno mismo el momento para hablar de los temas angustiosos e instruir a familiares y amigos del nivel de intimidad deseado y sobre los momentos cuando se quiere estar solo.
  • Sentirse estigmatizado: no tiene que dar más explicaciones de las que desee, hágales saber que aunque padezca o haya padecido cáncer, eso no es una barrera en la comunicación con ellos, en el trabajo o en otras actividades.
  • Estados emocionales positivos: muchas personas tras el cáncer han experimentado un sentimiento de fortaleza o capacidad para hacer frente a la enfermedad y mantener el bienestar propio y de su familia. Es lo que se llama resiliencia, es decir la capacidad de sobreponerse a la adversidad, recuperarse, salir fortalecido, con éxito y de desarrollarse personal y socialmente pese a estar expuesto a un estrés psicosocial grave como es el cáncer.

Si sientes que algunas de estas reacciones se está prolongando en el tiempo, crean dificultades en tu día a día y crees que necesitas apoyo profesional, no dudes en ponerte en contacto conmigo y trabajaremos juntos para recuperar actitudes y estilos de vida que mejoren la salud y prevengan la recaída del cáncer.

Mar Leiva, Psicooncóloga
www.marleiva.es
@MarLeiva_Psico

Fuente:

Cruzado, J.A. (2010). Tratamiento psicológico en pacientes con cáncer. Madrid: Síntesis